¿Qué es el carnismo?

Introducción al sistema Carnista

El carnismo es el sistema de creencias invisible, o ideología, que condiciona a la gente a comer ciertos animales. El carnismo es esencialmente lo opuesto al veganismo, ya que “carn” significa “carne” o “de la carne” e “ismo” se refiere a un sistema de creencias.

Debido a que el carnismo es invisible, la gente rara vez se da cuenta de que comer animales es una elección, más que un hecho. En las culturas que comen carne alrededor del mundo, la gente típicamente no piensa en por qué comen ciertos animales pero no otros, o por qué comen cualquier animal en absoluto. Pero cuando comer animales no es una necesidad, lo cual es el caso de muchas personas en el mundo de hoy, entonces es una elección y las elecciones siempre provienen de creencias.

Mientras permanezcamos inconscientes de cómo el carnismo nos impacta, seremos incapaces de hacer nuestras elecciones de comida libremente, porque sin conciencia, no hay libre albedrío.

¿Por qué no se ha nombrado al carnismo hasta ahora? Una de las razones es que simplemente es más fácil reconocer aquellos sistemas de creencias que quedan fuera de la corriente principal (por ejemplo, el vegetarianismo o el veganismo).

Una razón mucho más importante, sin embargo, es que el carnismo es un sistema de creencias dominante: está tan extendido que sus principios y prácticas se consideran de sentido común, “tal como son las cosas”, en lugar de un conjunto de opiniones muy extendidas. El sesgo carnista se construye en las bases mismas de la sociedad, cuando estudiamos la nutrición, por ejemplo, en realidad estudiamos la nutrición carnísta.

Y el carnismo es también un sistema de creencias violento: está organizado alrededor de una violencia intensiva, extensa e innecesaria hacia los animales. Incluso la producción de huevos y productos lácteos.

En resumen, el carnismo es un sistema de opresión. Lo permite un ejercicio injusto del poder que causa daños innecesarios a miles de millones de individuos.

Defensas Carnísticas

El carnismo va en contra de los valores humanos fundamentales, como la compasión y la justicia. La mayoría de la gente no apoyaría voluntariamente la violencia innecesaria hacia otros seres sintientes. Por lo tanto, el carnismo, al igual que otros sistemas violentos, utiliza un conjunto de mecanismos de defensa que distorsionan nuestros pensamientos y bloquean nuestra empatía natural para que actuemos en contra de nuestros valores sin darnos cuenta plenamente de lo que estamos haciendo. En otras palabras, el carnismo nos enseña cómo no empatizar.

Las defensas carnistas ocultan las contradicciones entre nuestros valores y comportamientos, de modo que sin saberlo hacemos excepciones a lo que normalmente consideraríamos poco ético.

Negación

La defensa primaria del carnismo es la negación: si negamos que hay un problema en primer lugar, no tenemos que hacer nada al respecto. La negación se expresa en gran medida a través de la invisibilidad, y la principal manera en que el carnismo permanece invisible es permaneciendo sin nombre; si no lo nombramos, no podemos cuestionarlo. Pero no sólo el sistema en sí mismo es invisible; también lo son sus víctimas: los miles de millones de animales de granja que permanecen fuera de la vista y, por lo tanto, fuera de la conciencia pública; el medio ambiente cada vez más dañado; los trabajadores de los mataderos explotados y a menudo brutalizados; y los consumidores humanos que corren un mayor riesgo de padecer algunas de las enfermedades más graves del mundo industrializado y que han sido condicionados a apagar sus corazones y sus mentes cuando se trata de comer animales.

Justificación

Otra defensa carnística es la justificación. Aprendemos a justificar el comer animales aprendiendo a creer que los mitos de la carne, los huevos y los lácteos son los hechos de la carne, los huevos y los lácteos. Estos mitos se expresan en gran medida a través de las Tres N de Justificación: comer animales es normal, natural y necesario. Tal vez no sea sorprendente que estos mitos hayan sido utilizados para justificar otras prácticas y sistemas de explotación, como la esclavitud y la dominación masculina.

Distorsiones cognitivas

El carnismo también utiliza un conjunto de defensas que distorsionan nuestras percepciones de la carne, los huevos, los lácteos y los animales que comemos, de manera que podemos sentirnos lo suficientemente cómodos para consumirlos. Aprendemos, por ejemplo, a ver a los animales de granja como objetos (por ejemplo, nos referimos a un pollo como algo, en lugar de alguien) y como abstracciones, sin ninguna individualidad o personalidad (por ejemplo, un cerdo es un cerdo y todos los cerdos son iguales), y a crear categorías rígidas en nuestras mentes para que podamos albergar sentimientos muy diferentes y llevar a cabo comportamientos muy diferentes hacia diferentes especies (ejemplo: las vacas son para comer y los perros son nuestros amigos).
Las defensas carnísticas son poderosas y frágiles. Tienen un impacto poderoso en nosotros cuando no los conocemos, pero pierden mucho de su poder cuando se hacen visibles. Así que cuando reconocemos las defensas carnísticas, somos capaces de hacer elecciones de comida que reflejan lo que auténticamente pensamos y sentimos, en lugar de lo que nos han enseñado a pensar y sentir.

Defensas Carnísticas Secundarias

El carnismo (como otros sistemas opresivos) se mantiene tanto fortaleciéndose como debilitando al sistema que lo desafía: el veganismo. Las defensas carnísticas sirven para ambos propósitos: validan el carnismo (hacen que comer animales parezca legítimo, lo “correcto”), e invalidan el veganismo (hacen que no comer animales parezca no legítimo, lo “incorrecto”)

Las defensas carnísticas secundarias son las defensas especiales que existen para invalidar el veganismo. Lo hacen invalidando a los veganos, a la ideología vegana (creencias y prácticas) y al movimiento vegano en su conjunto. Las defensas secundarias ocultan o distorsionan la verdad sobre el veganismo para que permanezcamos inconscientes de los hechos importantes y no confiemos en los hechos que conocemos.

Por ejemplo, la mayoría de nosotros no somos conscientes de los tremendos beneficios para la salud de una dieta vegana, y seguimos creyendo en los mitos de que comer animales es necesa-rio y nutritivo. Y la cultura popular (carnística) a menudo retrata a los veganos como sesgados
(ignorando el hecho de que el sesgo carnístico está profundamente arraigado) de modo que tendemos a desconfiar de la información que comparten los veganos. Los vegetarianos también son a menudo retratados como demasiado emocionales (y por lo tanto irracionales), moralistas y radicales – todos los estereotipos que sirven para desacreditar el mensaje vegano. Al disparar al mensajero, el carnismo hace menos probable que se escuche el mensaje, que desafía directa-mente la validez del carnismo.

Por qué comer animales es un problema de justicia social

Debido a que el carnismo es invisible, asumimos que comer o no comer animales es simplemente una cuestión de ética personal: “Tú tomas tus decisiones, y yo tomaré las mías.” Sin embargo, cuando reconocemos el carnismo, podemos apreciar que comer animales es de hecho el resultado de un sistema generalizado y opresivo. (Consideremos, por ejemplo, cómo creer que las mujeres no merecen el derecho al voto tiene menos que ver con la “elección personal” o la “preferencia personal” que con el sexismo generalizado que condiciona a la gente a creer en la inferioridad de la mujer).

Y el carnismo está estructurado como otros sistemas de opresión, como el racismo, el sexismo y el heterosexismo. Si bien la experiencia de cada grupo de víctimas de sistemas opresivos siempre será única, los sistemas son similares porque la mentalidad que permite la opresión es la misma.

En última instancia, cultivar la compasión y la justicia no se trata simplemente de cambiar comportamientos; se trata de cambiar la conciencia para que ningún “otro”, humano o no humano, sea víctima de la opresión. Para lograr una sociedad más compasiva y justa, entonces, debemos incluir todas las formas de opresión en nuestra conciencia, incluyendo el carnismo.

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